
de recorrer tus recovedos...
En un enigma, pasatiempo de mis días podía
estar yo fundamental pues me atraía
las escaleras, sala, comedor y cocina;
hasta mi recámara compartida.
El zaguán de mi niñez esplendorosa
humildad; no había postigo la cuál
permitiera una travesura mas, de aquellas
que en mis veinticinco primaverales años
hubiera podido cometer.
El tercer piso me acompaña siempre
con mis habanos hasta consumirlos y
convertirlos en pitillos...Y en el humo que
desfogo te vas tal cuál pensamiento, amor mío...
De algún modo habrá para compartir solo panes,
pero es mi casa, mi refugio; donde me acuesto,
desvanezco, duermo y me levanto con tranquilidad;
sin ninguna mirada desatante de nadie.
Insisto es mi casa, mi territorio que me ha visto
vagabunda algunas veces y otras fugitiva por no querer
reconocer mis altanerías, por no querer aceptar mis
equivocaciones.
...Y me has visto rebozante, sollozando, depresiva,
preocupada y enfermiza. Me has regocijado en tus
brazos en mis triunfos y derrotas...
Tus paredes me conocen tal cual,
tus matices me celebran mis parrandas
y tu puerta ha abierto mi suelo y mis
subsuelos; conociendo cada parte mía.
Morada mía, tu guardas con celo mis poemas,
pensamientos, cuentos, moralejas y ensayos; en cada
ángulo donde me haya podido sentar...Y soy feliz,
feliz, feliz si hoy tengo nada mas que mi confortable hogar.
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